martes, 13 de abril de 2010

El peligro de profetizar

Todos sabemos que hacer de profeta (algunos lo llaman dárselas de "gurú") entraña un riesgo inexorable: el de equivocarse estrepitosamente. Algo así podía haberme ocurrido a mí.

En estos días en que ando releyendo y retomando este blog, me he encontrado un artículo que escribí el 19 de noviembre de 2006 y que no llegué a publicar. Se titula "El fin de la era Google", y así escribí hace tres años y medio:

Google va a tener su fin, y no dentro de mucho

Durante estos años ha sido el mejor buscador, el buscador por excelencia, pero va a acabarse.

Google no ha sabido tener unos servicios populares al estilo de MSN (messenger y Espacios) o Yahoo (sus muchos servicios), y la no interconexión entre sus servicios va a ser su fin: solo falta a que un buscador le alcance en capacidad de ofrecer buenos resultados, porque un poco mejor de organización (fuera del buscador técnicamente) yo mismo lo haría mejor (exagerando solo un poquitín)
Obviamente la era Google no ha acabado. Más bien lo contrario, todo apunta a que Google va a tener un reinado en el mercado de Internet (y a medio plazo en muchos otros sectores) del que no se va a ir tan rápido.

Lo que más me preocupa no es haber afirmado que la era Google acabaría. Todo se andará. Ningún imperio ha sobrevivido al curso de la historia. Lo que me sorprende es la comparación que hice con "unos servicios populares al estilo de MSN" (¿Quién tiene ahora como página de inicio a MSN?) o "Yahoo (sus muchos servicios)" (¿Qué servicios?). Indudablemente, hablaba como adolescente que era en aquél entonces, cuando los Espacios o Spaces "del Messenger" fueron la primera red social asíncrona (esto es, quitando la mensajería del MSN Messenger) de muchos como yo.

Ahora, más de tres años después, está claro que lo que triunfa en Internet no es el ofrecer cientos de servicios en una página de inicio (lo que detecté erróneamente como el fallo de Google y ha resultado ser su pequeña perla). Hay mucho más. Información, masa de gente, necesidades, soluciones. Todo es mucho más complejo que lo que la mente de un adolescente de unos 16 años podía comprender.

Sólo me queda decir... Me equivoqué, pero no lo hice público :-)